Por años, los gestores de organizaciones han reconocido en la flexibilidad una fuente de valor estratégico, ya que su gestión adecuada y proactiva transforma a esta variable en una fortaleza que potencia sus factores de distinción. La Universidad Austral de Chile no está ajena esta visión. Es más, debe reconocerla y hacer de ella también una variable estratégica.

¿Qué quiere decir esto? Sabemos bien que la incorporación de la virtualización es una de las macrotendencias que se instala cada vez con más fuerza en la realidad. Este cambio global también alcanza al sistema de educación superior y, por cierto, más temprano que tarde, demandará desafíos a nuestra Universidad. De hecho, ya lo está haciendo, pero ha de tenerse en cuenta que la pandemia sólo vino a hacer evidente esta situación y a plantear la necesidad de acelerar dichos procesos. Nada más. Reaccionamos frente a ello.

Complementar nuestros procesos con la mediación de las TICs implica adaptar a nuestra universidad a este nuevo espacio social. Lo hemos denominado el quinto campus o Campus Online, como una manera metafórica de referirnos a un espacio de desarrollo institucional complementario a nuestra ya reconocida y acreditada forma de hacer Universidad. Porque entendemos que la virtualización es un proceso histórico más amplio y debemos reconocerlo como tal. Nuestros fundadores nos dejaron la misión de promover el desarrollo del territorio sur austral del país; ello implica hacerse cargo del desafío del contexto territorial y su realidad con suma responsabilidad ante demandas de, como, por ejemplo, acceso a la formación superior y la formación continua. Las características de estos territorios generan inequidad y dificultad en el acceso al derecho a la educación a lo largo de la vida. Debemos hacernos cargo de esta tarea. Por eso consta como compromiso ineludible en nuestro Programa.

Educación para el siglo, el dilema de llegar tarde

De acuerdo con el reporte “El futuro del trabajo” del Foro Económico Mundial, el aprendizaje y la formación en línea va en aumento y existe una alta demanda de oportunidades para auto aprender. Así mismo, el informe de la Organización Internacional del Trabajo sobre “trabajo en tiempos de pandemia” recomienda proveer un acceso más equitativo y efectivo a la educación y la formación de calidad estableciendo alianzas para reducir la inadecuación, los déficits y la escasez de competencias.

La educación online ha sido un recurso utilizado por las universidades desde antes de la pandemia.  En Chile distintas universidades no solo han invertido en infraestructura física, sino también en infraestructuras digitales como campus online las que les han permitido apoyar la formación virtual de pregrado, postgrado y formación continua (por ejemplo, UFRO, UChile, UC, UdeC, UMAG, UMAYOR, USACh, UCN, UCSH, UAI, UNAP, UAH). Otras universidades en Chile han ido más allá ofreciendo cursos en línea gratuitos para la comunidad a través de sus campus abiertos como la UChile, la UC y la UdeC. Nuestra universidad no ha sido ajena a la tendencia de los MOOC, sin embargo, estas experiencias han sido aisladas.

En la UACh, durante las últimas décadas, hemos ido modificando los métodos de enseñanza hacia la virtualización parcial del pregrado, esto gracias al mismo Ministerio de Educación como principal fuente de financiamiento (proyectos MECESUP).  Esto ha redundado en que muchos de nuestros académicos, desde hace varios años, han estado incorporando aplicaciones móviles de evaluación, repositorios de recursos educativos abiertos en Internet, entornos colaborativos, diversos tipos de software, atlas, páginas para complementar la educación tradicional, pero bajo un modelo educativo que no logra dejar transitar a modelos que permitan avanzar y enfocarnos más en conseguir aprendizajes significativos por parte de nuestros estudiantes.

Así se ha apoyado hasta ahora una formación presencial docente-estudiantes, donde el aprendizaje se apoya o es mediado por las tecnologías. La pandemia vino a acelerar estos procesos y nos dimos cuenta de que no hemos reflexionado lo suficiente acerca de la formación online y la mantención de un modelo educativo que no ha servido en otras partes y que además no lo apropiamos adecuadamente. Acá no se ha cambiado mayormente la enseñanza tradicional, sigue primando fuertemente la cátedra, mientras que otras universidades, buscando su propia identidad y atacando sus propias problemáticas han desarrollado y mantenido, en parte de sus programas curriculares, diversos métodos de aprendizaje activo, bajando considerablemente la cátedra. Un ejemplo exitoso de esto es en la Universidad FSM, la cual incorporó en los primeros años de ingeniería, para atacar los problemas de deserción y repitencia, el método de aulas invertidas, aprendizaje activo que de inmediato mejoró sus indicadores de retención y aprobación en forma notoria. Estos mismos procesos se pueden virtualizar, de ser necesario, en el escenario de pandemia y postpandemia.

La universidad, sin perder su esencia, debe ir evolucionando de la mano de los cambios globales y de la tecnología. Avanzar en esta materia fortalecerá los procesos de enseñanza-aprendizaje teniendo como base el potencial de la tecnología para propender a una educación de calidad.

La educación online facilita el acceso y la democratización del conocimiento. Más allá de los avances en la hibridación de la educación, disponer de un Campus Online UACh no sólo nos puede permitir afrontar futuras situaciones de crisis, sino también permitir el acceso inclusivo a la educación (como  estudiantes en situación de discapacidad, estudiantes que trabajan, estudiantes que deben cuidar a hijos y familiares, estudiantes que deben viajar, etc.), facilitar la interacción entre profesores y estudiantes y democratizar el acceso a la educación, transitando a una sociedad más inclusiva para compartir el conocimiento.

En este sentido, debemos avanzar en la implementación de estrategias conducentes hacia la enseñanza virtual en la medida de las características del currículum de cada carrera o programa. Las actividades prácticas, como tradicionalmente las conocemos, seguirán siendo fundamentales en determinados niveles de la formación de un estudiante y para carreras o programas en particular. Además, se debe tener en consideración que la transformación no sólo afecta a los estudiantes, sino a la comunidad académica en conjunto. Deben coordinarse estrategias de formación y soporte para los académicos, así disponer de herramientas tecnológicas adecuadas.

Respecto a la acreditación de la enseñanza online, la CNA está muy atrasada en el contexto latinoamericano, donde desde hace ya más de una década, la mayor parte de los países de nuestro continente presentan acreditación para la enseñanza virtual. La pandemia pone decididamente los actuales criterios de la CNA en apuros, dado que, de acuerdo con los expertos, la virtualización es un proceso que partió hace décadas y es ciertamente irreversible; con lo cual posibles cambios que esperábamos transitar en forma paulatina han devenido en cambios inmediatos e implementados sin contar con estrategias, capacidades y recursos adecuados. La demanda de educación superior ha crecido sobre un 40% en Chile y Latinoamérica los últimos años. En consecuencia, las universidades del CRUCh deben coordinar esfuerzos con la CNA para exigir que se valide y acredite la enseñanza virtual en el más breve plazo.

La transformación de la enseñanza debe ir en estrecha sintonía con una discusión en el contexto nacional que oriente las reglamentaciones y legislación en materias de educación superior, donde la UACh debe ocupar un lugar principal. Usando un enfoque asimétrico, asincrónico y gradual (empezando desde los programas de doctorado, pasando por los de Magíster, y terminado con el Pregrado), nuestra querida Universidad podrá homologar su estándar formativo entre diversos Campus y Sede, admitir estudiantes nacionales y extranjeros, vincularse activamente con la red de egresados y titulados, generar contenidos de alto valor para público no estudiantil (profesionales, jubilados, etc.), brindar espacios de aprendizaje autónomo, liberar tiempo de sus académicos, posicionar a la UACh con clases magistrales disponibles en nuestra señal de TV cable, reducir la necesidad de seguir incrementado y manteniendo costosa infraestructura física, facilitar el acceso efectivo a la formación
de pregrado y de postgrado, enfrentar con éxito las futuras pandemias del siglo XXI previstas por los expertos internacionales, capacitar profesionales de todas las latitudes mediante postítulos y especialidades, entre múltiples otras ventajas estratégicas de primer orden. Todo ello contribuirá sin duda alguna a posicionar apropiadamente la Universidad Austral de Chile en el contexto educativo global del siglo XXI.